América Latina necesitará un enfoque comercial eficaz después del covid-19

Más allá de trabajar en políticas más inclusivas, América Latina tendrá que desarrollar mejores estrategias comerciales intrarregionales donde los países confluyan mejor a nivel regional, escribe Irene Mia (Instituto Internacional de Estudios Estratégicos).

Después de un 2020 devastador, parece que la recuperación de América Latina va tomando cuerpo. Las carencias del paradigma de crecimiento y desarrollo imperante y la forma de mejorar su sostenibilidad y resistencia a futuras adversidades cobran cada vez más relevancia en el debate político. La pandemia del coronavirus ha sido el recordatorio más claro de la necesidad de reformas estructurales para mejorar la productividad regional y la incorporación a las cadenas de suministro de valor añadido. El covid-19 también ha puesto de manifiesto la urgencia de adoptar políticas más inclusivas para reducir la amplia informalidad, expandir las redes de seguridad social y el acceso a servicios básicos, como la educación y la sanidad.

El descontento popular con el statu quo, ya latente en toda la región con estallidos periódicos de descontento social, continuará. El devastador legado socioeconómico de la pandemia presionará a los gobiernos para que actúen en las próximas elecciones o corran el riesgo de perderlas. La liberalización del comercio y el aperturismo, que ya están siendo atacados en medio de una cierta fatiga provocada por la globalización y un mayor apetito por las políticas internas, pueden convertirse en otra víctima de la pandemia. Tanto los viejos como los nuevos gobiernos pueden sucumbir a centrarse directamente en los retos internos y levantar barreras al resto del mundo. Esto, en un momento en el que es necesario aumentar el comercio (especialmente el intrarregional) para impulsar la recuperación y crear economías más competitivas y resistentes. Parece que hay algunos vientos en contra de la liberalización del comercio en la región, pero también hay espacio para el optimismo.

Atrapados en una guerra comercial

Antes de la pandemia, el proteccionismo ya iba en aumento en todo el mundo. Los volúmenes comerciales apenas siguen el ritmo del crecimiento del PIB en medio de una ausencia de liberalización arancelaria importante en las últimas dos décadas, la imposición de crecientes barreras no arancelarias (sobre todo restricciones a la exportación y subvenciones) y la intensificación de la guerra comercial entre Estados Unidos y China. Estas tendencias también son visibles en América Latina, como se muestra en el gráfico 1.

Fuente: Fondo Monetario Internacional, Perspectivas Económicas Mundiales, octubre de 2021

Aunque el comercio mundial y latinoamericano se ha recuperado de ese punto de inflexión de 2020, el efecto desestabilizador de la pandemia en cadenas de suministro, logística y disponibilidad de bienes ha disminuido el atractivo que tiene la deslocalización. La preocupación por la sostenibilidad medioambiental podría sumarse a esta tendencia, con implicaciones similares en las cadenas de suministro mundiales y una potencial desviación del comercio.

La guerra comercial y tecnológica entre EE.UU. y China sigue siendo otro riesgo importante para el panorama comercial. América Latina puede verse en una situación muy delicada si la situación se deteriora aún más, teniendo en cuenta el enorme papel que desempeña China en el tejido de infraestructuras comerciales y tecnológicas de la región. China ya es el primer socio comercial de América Latina, a excepción de México, y Huawei ha estado muy involucrada en el despliegue de las redes 4G en toda la región. En un escenario extremo, el mundo puede verse obligado a desarrollar cadenas de suministro paralelas para China y Estados Unidos, con diferentes estándares tecnológicos. América Latina, en concreto, puede enfrentarse a sanciones comerciales y de otro tipo por parte de China o de EE.UU. por excluir o negarse a excluir a Huawei de su desarrollo de la 5G, con implicaciones negativas en los flujos comerciales y de inversión.

Por último, hay un cambio en el estado de ánimo popular. La ciudadanía se está alejando de su apertura al mundo para centrarse en cuestiones internas, y esto unido a las demandas de un mayor papel del Estado, especialmente después del covid-19, sugiere que la liberalización del comercio puede no ser el principal objetivo de los gobiernos en el futuro.

Una reciente encuesta de Ipsos Global marca un desafío claro: aunque los países latinoamericanos son, en promedio, más proclives que el resto del mundo a la liberalización comercial, también son aquellos cuya aprobación de la globalización ha disminuido más desde 2019.

Un nuevo atractivo para frenar la deslocalización

La rápida expansión de la pandemia puso de manifiesto los inconvenientes de la interconexión y la globalización, pero las respuestas a ella también han evidenciado sus beneficios. Habría tomado mucho más tiempo desarrollar vacunas de forma aislada o hubiese sido imposible para la mayoría de los países de la región. Su producción y distribución ha exigido un gran esfuerzo mundial para obtener sus componentes y garantizar su suministro a tiempo.

La tendencia a frenar la deslocalización y promover el nearshoring, es decir, la búsqueda de servicios más cercanos al país de origen, también puede jugar a favor de la región teniendo en cuenta su cercanía geográfica al mercado estadounidense, su coste laboral competitivo y un entorno empresarial y de propiedad intelectual relativamente bueno. La sólida red de acuerdos de integración regional también podrían facilitar la integración de Sudamérica en las cadenas de valor norteamericanas, por medio de México y de los vínculos entre la Alianza del Pacífico y Mercosur. Sí, existen grandes obstáculos para una mayor integración económica entre América del Norte y del Sur, como el subdesarrollo de las infraestructuras, la falta de mano de obra cualificada y la diversificación económica. Son limitaciones que vienen de lejos y que, de todas formas, tendrán que resolverse para garantizar un crecimiento más sostenible tras la pandemia.

A man works with cardboard
Un hombre trabaja con cartón / Walmart (CC BY 2.0)

La creciente digitalización de los procedimientos aduaneros que impusieron los cierres relacionados con el coronavirus también permitió avanzar rápidamente en la facilitación del comercio en la región, promoviendo la participación de las pequeñas y medianas empresas (PYMES) y contribuyendo a la evolución de los flujos comerciales.

Una liberalización comercial inteligente

El comercio será un importante pilar de la recuperación económica de la región, pero sobre todo, una liberalización e integración comercial estratégicas podrían impulsar la competitividad de América Latina y sentar unas bases sólidas para un modelo económico más inclusivo y resistente. Esto supondrá prestar más atención al comercio intrarregional, que es clave para la diversificación económica y para las exportaciones de la región más allá de las materias primas, teniendo en cuenta su elevada capacidad para manufacturar. A su vez, la diversificación económica facilitará la incorporación a las cadenas de suministro norteamericanas. Y por último, la participación de las pequeñas y medianas empresas en el comercio intrarregional, superior a la media, se vuelve estratégica para la eficiencia general de la microeconomía y una mejor distribución de la renta.

El comercio intrarregional ha seguido una tendencia a la baja desde 2014, hasta alcanzar el 12% del comercio regional total en 2020, un porcentaje aún menor que el registrado a principios de los 90. Esto se debe a la fragmentación de los esfuerzos de integración regional, a las deficiencias de las infraestructuras y a un mayor interés por el comercio suprarregional, especialmente con China. Este último está dominado por las exportaciones de productos básicos, y por tanto es menos propicio para una transformación competitiva de las economías latinoamericanas. La escasa interdependencia comercial entre Brasil y México, las dos mayores economías de la región, es especialmente preocupante. Por lo tanto, sería importante potenciar la convergencia entre la Alianza del Pacífico y el Mercosur para reforzar las cadenas de valor y de comercio regionales. Y también sería importante aplicar políticas de mejora de la competitividad (en educación, innovación y reducción de la burocracia) y aumentar la inversión (pública y, sobre todo, privada) en conectividad respecto a los pésimos niveles actuales (1,3% del PIB, según la CEPAL).

La actual crisis socioeconómica provocada por el covid-19, unida al creciente descontento popular con el statu quo, puede ser el incentivo adecuado para un cambio radical. Teniendo en cuenta el escaso margen de maniobra de los gobiernos de la región, desprovistos de liquidez, promover una agenda estratégica centrada en la competitividad y una liberalización comercial eficaz puede ser la mejor receta para el éxito.

Source: blogs.lse.ac.uk

América Latina necesitará un enfoque comercial eficaz después del covid-19